Pioneros
John N. Andrews
1829 – 1883
Erudito, presidente de la Asociación General, primer misionero
Resumen
John Nevins Andrews fue un erudito adventista pionero, evangelista, editor y el primer misionero oficial en el extranjero de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Nacido en Poland, Maine, el 22 de julio de 1829, abrazó el sábado como día de reposo cuando era adolescente, en 1845, y se convirtió en uno de los pioneros centrales del adventismo sabatista junto a James y Ellen White y Joseph Bates. Autor de la obra de referencia Historia del sábado y del primer día de la semana (1859, ampliada en 1873), ocupó durante tres mandatos distintos un puesto en el Comité Ejecutivo de la Asociación General, fue presidente de la Asociación General (1867–1869), editó la revista Review and Herald y fue enviado a Suiza como primer misionero oficial de la iglesia en 1874. Falleció de tuberculosis en Basilea, Suiza, el 21 de octubre de 1883.
Infancia y conversión (1829-1844)
Steinweg, en Lest We Forget, recoge lo esencial: «Andrews nació el 22 de julio de 1829 y pasó su infancia y juventud tranquilamente con sus padres y su hermano, William, en Paris, Maine» (Lest We Forget, cap. 135, p. 259, ¶ 13). Y su formación metodista temprana: «Su formación espiritual incluía la asistencia fiel a las reuniones metodistas». (Lest We Forget, cap. 135, p. 259, párr. 14).
Steinweg relata su incorporación al movimiento millerita y la decepción que esto supuso: «En enero de 1843, Andrews se convirtió al cristianismo y aceptó el mensaje adventista. Su familia no tardó en dejarse llevar por la doctrina millerita sobre la venida de Cristo para purificar la tierra. Cuando Cristo no regresó a la tierra el 22 de octubre de 1844, tal y como creían, ellos también se sintieron profundamente desanimados. En 1845, tras leer el tratado de Preble sobre el sábado, Andrews comenzó a observar el séptimo día como día de reposo» (Lest We Forget, cap. 135, p. 260, párr. 16).
Steinweg también recoge un llamativo incidente de 1844, según se deduce por la fecha, en el que Andrews, de catorce años, defendió a un hermano de una turba enfurecida en el puente de París. La historia se narra de forma dramática, con la respuesta registrada de Andrews: «Se nos ha mandado llevar las cargas los unos de los otros. Si azotáis al hermano Davis, también debéis azotarme a mí». (Lest We Forget, cap. 135, p. 259, párr. 8).
Primeros años de ministerio (1850-1859)
Steinweg recoge los primeros escritos de Andrews en The Present Truth y su nombramiento para el comité editorial: «Andrews comenzó a escribir en The Present Truth. En el otoño de 1850, fue nombrado miembro del comité editorial que apoyaba al editor, el anciano James White. En la Review de mayo de 1851, se publicó un comentario de cinco páginas de Andrews sobre el capítulo trece del Apocalipsis, en el que identificaba por primera vez a los Estados Unidos de América como la bestia de dos cuernos» (Lest We Forget, cap. 135, p. 261, párr. 19).
Loughborough corrobora el artículo de mayo de 1851 sobre la bestia de dos cuernos y lo que en él se argumentaba: «Por esa época, J. N. Andrews, que residía en Paris, Maine, comenzó su labor pública como ministro del evangelio y escritor sobre temas religiosos. En la Review de mayo de 1851, publicó un artículo de más de cinco páginas sobre el tema de los tres mensajes. En él aplicaba la profecía de la bestia de dos cuernos de Apocalipsis 13 a los Estados Unidos, adoptando la postura, basándose únicamente en la fuerza de la profecía, de que la imposición del domingo como día de reposo sería el punto sobre el que finalmente se fundaría una unión entre la Iglesia y el Estado en esta nación» (The Great Second Advent Movement, p. 284, párr. 2).
Froom sitúa a Andrews en el contexto de quienes desarrollaron la interpretación de la bestia de dos cuernos: «John N. Andrews, historiador adventista del sábado, fue uno de los primeros, en aquella época, en desarrollar esta exposición de forma bien estructurada. Nos detenemos primero a considerar a Andrews, y luego pasamos a este intrigante símbolo» (La fe profética de nuestros padres, vol. 4, p. 1093, párr. 1).
Steinweg relata sus primeros años de itinerancia con Samuel Rhodes y su ordenación: «En diciembre de 1851, a los veintiún años, Andrews trabajó como evangelista itinerante con Samuel Rhodes» (Lest We Forget, cap. 135, p. 261, párr. 20). El mismo párrafo continúa: «John N. Loughborough asistió a una serie de conferencias de Andrews en 1852 en Rochester, Nueva York, donde conoció y aceptó la Verdad Presente. En 1853, Andrews fue ordenado por el anciano White» (Lest We Forget, cap. 135, p. 261, párr. 20).
Steinweg describe el precio que pagó la salud de Andrews por sus tres primeros años de labor: «En 1855, Andrews estaba físicamente agotado» (Lest We Forget, cap. 135, p. 261, párr. 21).
La Declaración de la Decepción y el Santuario (1844-1851)
Loughborough conserva una frase introductoria al relato en primera persona de Andrews del 22 de octubre de 1844: «El anciano J. N. Andrews, quien vivió esta experiencia en 1844, habla así de la decepción» (The Great Second Advent Movement, p. 196, párr. 1).
La propia declaración de Andrews sobre la doctrina del santuario posterior a 1844, tal y como la conserva Loughborough: «La apertura del lugar santísimo del templo celestial, por donde se ve el arca, es un acontecimiento que tiene lugar al sonar la trompeta del séptimo ángel. Y como el ministerio de nuestro gran Sumo Sacerdote se traslada a ese lugar al término de los dos mil trescientos días, entendemos que la apertura del templo está marcada por el término de ese período, tal y como lo representa la proclamación del primer ángel. La entrada e e de nuestro Sumo Sacerdote en el Lugar Santísimo para ministrar ante el arca de Dios llama la atención de la iglesia hacia los mandamientos de Dios contenidos en ese arca. Los mandamientos de Dios han estado resplandeciendo desde el santuario celestial desde ese momento» (The Great Second Advent Movement, p. 248, párr. 1).
Loughborough también conserva el testimonio de Andrews (de su carta de septiembre de 1874) sobre el papel de Ellen Harmon con respecto al fanatismo de la «puerta cerrada» en Paris, Maine: «J. N. Andrews, que residió en Paris, Maine, en 1844 y 1845, y que conocía a la perfección la trayectoria de la gente de allí, así como la de Joseph Turner, quien enseñaba que ya no había misericordia para los pecadores, dice lo siguiente sobre la postura de la señorita Harmon al respecto en aquella época» (The Great Second Advent Movement, p. 222, párr. 2).
El primer misionero en el extranjero (1874)
Spalding, en The Story of Adventist Light, sitúa a Andrews al frente del primer círculo de personas atraídas a la comunidad cristiana: «Unieron fuerzas con Joseph Bates al coincidir sus puntos de vista doctrinales; animaron a jóvenes y prometedores obreros como John N. Andrews, de Maine; George Holt, de Connecticut; y John N. Loughborough, de Nueva York, a entrar en el ministerio» (The Story of Adventist Light, p. 35, párr. 2).
Froom recoge la elección de Andrews como primer misionero adventista del séptimo día en el extranjero: «Cuando se inauguró el nuevo ferrocarril transcontinental, abogó por llevar la obra de la iglesia a la costa oeste. Escribió las primeras lecciones de la Escuela Sabática en 1852. Impulsó la primera iniciativa misionera de la iglesia en el extranjero —el envío de John N. Andrews a Europa en 1874— y hoy en día los adventistas dirigen una de las empresas misioneras en el extranjero más extensas del mundo» (La fe profética de nuestros padres, vol. 4, p. 1060, párr. 2).
Fallecimiento (1883)
Según la Enciclopedia de los Adventistas del Séptimo Día (Gilbert M. Valentine), Andrews murió de tuberculosis en Basilea, Suiza, el 21 de octubre de 1883, seis años después de su llegada a Suiza, tras haber establecido la obra editorial europea y haber presenciado las primeras reuniones campestres europeas. La obra de Spalding, The Story of Adventist Light, destaca la pérdida que supuso para el movimiento adventista primitivo: «En 1883, John N. Andrews, que trabajaba valientemente en la floreciente causa en Europa, entregó su vida. Joseph H. Waggoner, quien ocupó su lugar, falleció seis años más tarde.» (The Story of Adventist Light, p. 79, párr. 1).